BULLETPROOF COFFEE: EL CAFÉ CON MANTEQUILLA QUE DIVIDE OPINIONES

BULLETPROOF COFFEE: EL CAFÉ CON MANTEQUILLA QUE DIVIDE OPINIONES

BULLETPROOF COFFEE: EL CAFÉ CON MANTEQUILLA QUE CAMBIÓ LA FORMA DE DESAYUNAR

El CAFÉ NEGRO siempre fue sinónimo de sencillez y energía inmediata. Sin embargo, en los últimos años apareció una preparación que rompió esa lógica y generó una conversación incómoda dentro de la cultura cafetera: el Bulletproof Coffee. Una mezcla de CAFÉ, MANTEQUILLA y ACEITE DE COCO que no busca ser agradable ni tradicional, sino funcional. Este café no quiere gustarte: quiere sustituir una comida.


El llamado CAFÉ A PRUEBA DE BALAS se prepara licuando café caliente con mantequilla sin sal (idealmente clarificada o ghee) y aceite de coco o MCT, hasta obtener una textura cremosa, densa y homogénea. No lleva azúcar, no lleva leche, no busca dulzor. Su propuesta es clara: entregar ENERGÍA PROLONGADA a partir de grasas, no de carbohidratos.

La receta fue popularizada por Dave Asprey, creador de la Dieta Bulletproof, un enfoque alto en grasas y bajo en carbohidratos que propone este café como reemplazo del desayuno, especialmente en contextos de AYUNO INTERMITENTE o alimentación cetogénica. Desde entonces, el Bulletproof Coffee se volvió habitual en rutinas de oficina, entrenamiento temprano y estilos de vida urbanos donde el tiempo es limitado y el enfoque mental es prioritario.

 

Prepararlo es simple, pero no admite descuidos. Se utiliza café recién hecho —filtrado o espresso largo— al que se añade una cucharadita de mantequilla sin sal y una de aceite de coco o MCT. Todo debe licuarse entre 20 y 30 segundos. Si no se licúa, no funciona: queda aceitoso, pesado y desagradable. Bien hecho, el resultado se asemeja más a un LATTE CREMOSO que a un café tradicional, con una sensación sedosa en boca y un cuerpo envolvente.

Quienes lo consumen destacan tres efectos principales: SACIACIÓN, ENERGÍA ESTABLE y ausencia del bajón típico del café solo. Al no generar picos de glucosa, el cuerpo utiliza la grasa como combustible, lo que puede resultar atractivo para quienes buscan controlar el apetito o extender el ayuno matutino. En una ciudad como Lima, suele aparecer como solución rápida para mañanas largas, jornadas sin pausa real o entrenamientos antes del trabajo.

Pero aquí está el punto crítico: el Bulletproof Coffee NO ES UN DESAYUNO COMPLETO. No aporta proteínas, fibra ni micronutrientes esenciales. Además, es altamente calórico; una sola taza puede superar fácilmente las 300 o 400 calorías, casi todas provenientes de GRASAS SATURADAS. Consumirlo sin entender el contexto nutricional es confundir café con dieta.

También es un error pensar que es “más saludable” que el café negro. No lo es. Es simplemente DISTINTO. Funciona solo dentro de un esquema alimenticio coherente. No es recomendable para personas con colesterol alto, problemas cardiovasculares o mala tolerancia a las grasas. Tampoco debería tomarse varias veces al día ni adoptarse por moda.

Desde una mirada cafetera, este no es un café para disfrutar aromas complejos ni perfiles de origen. Es un café instrumental. Se toma despacio, en silencio, como un RITUAL DE CONTROL, no como una pausa social ni un acompañante de panadería. Su textura es protagonista; su sabor, secundario.

El Bulletproof Coffee no te vuelve más productivo por sí solo. Te obliga a tomar una decisión consciente sobre cómo consumes, por qué consumes y qué esperas del café en tu día. Si no existe esa reflexión, lo único que queda es una taza de café con mantequilla.

Explorar el café funcional puede ser interesante, pero antes conviene dominar lo básico: BUEN CAFÉ, BUENA EXTRACCIÓN y CONSUMO CON CRITERIO. Todo lo demás es accesorio.

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